martes, 8 de marzo de 2016

En la luna

Como si el sol con su luz impactara directo en mis ojos y yo igual fijamente lo observara, impidiendo con mis retinas el ser encandiladas. Como correr en un bosque oscuro sin resplandor alguno  y  sin importarme las dimensiones del sombrío panorama, aumentar mi velocidad olvidando los riscos de tierra y el sin fin de la arbolada.
Es como lanzarse al vacío de un volcán de lava sin importar desintegrarme antes de traspasar las ardientes aguas. Es  hacerlo de todos modos aunque de antemano todos opinan sobre lo mal que resultará. Testarudez aprobada en 1992, a las 6 am cuando vine a este mundo y nací con mi Luna en Tauro. Sencilla pero difícil. Obstinada hasta la médula, hasta la última célula que me conforma. Pero fiel a mi sentir. Eso, nadie jamás podrá discutir. Mucho menos criticar, menospreciar o refutar. La realidad es esa.
Y si soy una cabeza dura eso me agrada, porque es la mejor manera para resistir los golpes que a veces me doy, por elección propia y por lecciones del destino.
Me excusaré diciendo que si de alguna manera yo no debiera ser así de testaruda  bajo ningún punto de vista cargaría con la luna del toro, pero sé que el universo es perfecto y cada configuración hasta la más hostil ha de existir por un propósito mayor, el cual es divino y contiene el mayor de los aprendizajes (Cada cual con su lección, cada quien con su propio universo). Pero más allá del excusamiento y el palabrerío soy consciente de que todo, absolutamente todo en esta vida tiene su fundamento y su propósito/misión, la cual particularmente dentro de cada ser se recibe de una u otra manera y por consiguiente se "devuelve" a su lugar de origen con nuestra marca impresa, pero que de ninguna manera pasa desapercibida ante nosotros. Seamos conscientes o no de este asunto. A veces dejamos ir esos signos pero así como los dejamos irse le damos la razón perfecta para regresar con más fuerza. Los aprendizajes si que saben ser tercos.
Un poco así me siento yo, cuando intento algo que realmente siento en mi corazón y no sale como espero. Me voy, pero vuelvo después con más impulso, llena de vitalidad porque si antes no resultó ha de transformarse en mi desafío. Y depende de mí regresar con la solución, sino no aprenderé nada. Y esa es la parte más amigable de la testarudez, LA ELÉCTRICA Y POTENTE PERSISTENCIA. En otros casos cuando no se puede hacer nada esa fuerza se deriva a la resistencia interior que termina brindándonos PACIENCIA para esperar tranquilos, o a veces mejor dicho estamos intranquilos y nos visita la IMPACIENCIA, la oscura contracara, pero gran maestra ya que nos enfrenta a nosotros mismos.
En este momento siento un cóctel de todos estos elementos, el cual se entremezcla y se sacuden quitándome en algunas ocasiones el aliento, pero cuando estoy a punto de rendirme recuerdo quién soy, a qué vine y cuál es mi potencial, y el brebaje se mezcla solo y me regala un poco de paz.

Seguiré igual de obstinada, porque el corazón nunca ha de mentir, la verdad está escrita en las paredes de nuestro corazón, hay que abrir los ojitos y aprender a leer la hermosa historia que tiene para contar... <3 o:p="">

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