Como si el sol con su luz impactara directo en mis ojos y yo igual
fijamente lo observara, impidiendo con mis retinas el ser encandiladas. Como
correr en un bosque oscuro sin resplandor alguno y sin
importarme las dimensiones del sombrío panorama, aumentar mi velocidad
olvidando los riscos de tierra y el sin fin de la arbolada.
Es como lanzarse al vacío de un volcán de lava sin importar
desintegrarme antes de traspasar las ardientes aguas. Es hacerlo de todos modos aunque de antemano
todos opinan sobre lo mal que resultará. Testarudez aprobada en 1992, a las 6
am cuando vine a este mundo y nací con mi Luna en Tauro. Sencilla pero difícil.
Obstinada hasta la médula, hasta la última célula que me conforma. Pero fiel a
mi sentir. Eso, nadie jamás podrá discutir. Mucho menos criticar, menospreciar
o refutar. La realidad es esa.
Y si soy una cabeza dura eso me agrada, porque es la mejor manera para
resistir los golpes que a veces me doy, por elección propia y por lecciones del
destino.
Me excusaré diciendo que si de alguna manera yo no debiera ser así de
testaruda bajo ningún punto de vista
cargaría con la luna del toro, pero sé que el universo es perfecto y cada
configuración hasta la más hostil ha de existir por un propósito mayor, el cual
es divino y contiene el mayor de los aprendizajes (Cada cual con su lección,
cada quien con su propio universo). Pero más allá del excusamiento y el
palabrerío soy consciente de que todo, absolutamente todo en esta vida tiene su
fundamento y su propósito/misión, la cual particularmente dentro de cada ser se
recibe de una u otra manera y por consiguiente se "devuelve" a su lugar
de origen con nuestra marca impresa, pero que de ninguna manera pasa
desapercibida ante nosotros. Seamos conscientes o no de este asunto. A veces
dejamos ir esos signos pero así como los dejamos irse le damos la razón
perfecta para regresar con más fuerza. Los aprendizajes si que saben ser
tercos.
Un poco así me siento yo, cuando intento algo que realmente siento en mi
corazón y no sale como espero. Me voy, pero vuelvo después con más impulso,
llena de vitalidad porque si antes no resultó ha de transformarse en mi
desafío. Y depende de mí regresar con la solución, sino no aprenderé nada. Y
esa es la parte más amigable de la testarudez, LA ELÉCTRICA Y POTENTE
PERSISTENCIA. En otros casos cuando no se puede hacer nada esa fuerza se deriva
a la resistencia interior que termina brindándonos PACIENCIA para esperar
tranquilos, o a veces mejor dicho estamos intranquilos y nos visita la
IMPACIENCIA, la oscura contracara, pero gran maestra ya que nos enfrenta a
nosotros mismos.
En este momento siento un cóctel de todos estos elementos, el cual se
entremezcla y se sacuden quitándome en algunas ocasiones el aliento, pero
cuando estoy a punto de rendirme recuerdo quién soy, a qué vine y cuál es mi
potencial, y el brebaje se mezcla solo y me regala un poco de paz.
Seguiré igual de obstinada, porque el corazón
nunca ha de mentir, la verdad está escrita en las paredes de nuestro corazón,
hay que abrir los ojitos y aprender a leer la hermosa historia que tiene para
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