Después de la tormenta, siempre sale el sol; ese que ilumina el camino que uno recorre, llenándolo de calor y generando la sensación de que tantas nubes grises, tanta oscuridad valió la pena. ¿Y por qué siempre es así? Porque se debe aprender a valorar mucho más las cosas que la vida nos pone en el camino, esas que nos dan calor y sonrisas y que por más que después se oculten entre más nubes, siempre permanecerán en la mente y en el corazón.
Esto es algo que todos sabemos por lógica, pero me hace bien recordármelo a mí misma, para seguir resistiendo ya que el día de mañana, el sol va a inundar mi pequeño mundo de paz y no se va a ir jamás. (Al menos no por esto)
viernes, 23 de abril de 2010
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